Vocaciones 

Recuerdo a mi hija sentada conmigo en el sofá con la boca abierta siguiendo cualquier película que me sentaba a ver. Ya no era una niña pequeña y podía ver contenido un poco más complejo, pero ella quería verlo todo. Era evidente que el cine la tenía enganchada. No prestaba tanta atención a otros juegos ni tenía demasiadas aficiones. Y tampoco es que le gustasen ver otros programas, concursos y cosas de ese tipo: sobre todo, películas.

Pasaron los años y ella siguió con esa afición hasta que poco antes de cumplir los 18 nos dijo que quería estudiar cine. Lo normal es digan que quieren ser médicos o abogados, ¿no? Bueno eso en los tiempos de mis padres. Está claro que actualmente existen muchas más salidas profesionales que las clásicas, sin menospreciar estas, por supuesto, ya que tanto mi mujer como yo somos abogados. 

Alicia nos mostró un folleto de un Master en produccion y medios audiovisuales que le interesaba. Nosotros miramos el precio primero, porque somos padres, y luego seguimos con atención todas las explicaciones de nuestra hija. Los tiempos en los que los padres imponían a los hijos lo que debían y no debían estudiar han cambiado. “Tú, Carlitos, derechito a la facultad de Derecho”. “No, Padre, yo quiero ser literato”. “¿Literato?” Y después de una colleja bien dada Carlitos iba derecho a la facultad del mismo nombre. 

Pero a nuestra Alicia no podíamos hacerle eso, pese a que era una buena estudiante en casi todos los ámbitos y que nosotros la podíamos ayudar por nuestra gran experiencia en ese campo. Si quería estudiar ese Master en producción y medios audiovisuales y estaba totalmente decidida a triunfar en el mundo audiovisual tendríamos que permitirlo y fomentarlo.

Por otro lado, no considero que estudiar una cosa invalide para ejercer de otra. Hoy en día el mercado de trabajo es muy voluble y nunca se sabe. Así que Alicia tendrá tiempo en el futuro, si quiere, para formarse en otros ámbitos, si la historia del cine no sale tan bien como ella espera.

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