Vigo, ciudad unida al mar

Vigo es una ciudad muy unida al mar. El mar forma parte del día a día de muchas personas, como por ejemplo aquellas que cruzan la ría cada día para trabajar a bordo de los catamaranes que ponen en contacto la ciudad con Moaña o Cangas. Pocos pueden decir que vayan a trabajar cada día en barco, pero la gente de estos pueblos puede hacerlo gracias a que el servicio es constante y muy fluido durante todo el día, hasta bastante tarde en la noche. Muchos lo usan a diario, pero también son muchos los que hacen el viaje el fin de semana para dar un paseo.

Las playas de las afueras de Vigo están en los recuerdos de todos los habitantes de la ciudad. Especialmente Samil. Su gran tamaño y la cercanía con la ciudad hacían que fuera la primera opción para los chavales que acudían con su pandilla a la playa, por primera vez sin sus familias. Los bares, las pistas de deportes y el paso hacen que sea también una buena opción para quienes no disfrutan tanto de la playa, pero sí del ambiente de un lugar lleno de vida, sobre todo en verano. El pinar es el lugar al que acuden las familias que quieren pasar todo el día en la playa y tener un lugar para poder comer a la sombra o dejar allí a los abuelos que no quieren tomar el sol. Siguen siendo motivo de conversación las aventuras para conseguir mesa, tratando de madrugar más que los ourensanos (bajo este término están incluidos todos los que no son de Vigo y acuden a Samil a pasar el día) para lograr los mejores emplazamientos.

Vigo es también lugar de salida de navieras islas cíes. Estas islas también forman parte de la historia de todos los vigueses, que seguro acudieron a Cíes con sus colegios de excursión o fue uno de los primeros lugares a los que viajaron en barco con sus familias cuando eran pequeños. Toda una aventura ir a una isla a pasar el día, al menos en la cabeza de los más pequeños que soñaban con encontrar allí un tesoro, sobre todo cuando alguien les contaba entre susurros que allí habían estado los piratas. De mayores, seguro que muchos descubrieron que el tesoro de las islas eran las islas en sí mismas, con su riqueza natural y su belleza.