Tocados de ceremonia: ¿por qué merece la pena usarlos?

Los tocados ceremoniales son un complemento usual en bodas, comuniones y otros eventos sociales. Bien en forma de corona de flores, bien de diadema con plumas y piedras preciosas, este accesorio pone la guinda al vestido y tiene el poder de acentuar su elegancia y sofisticación. En particular, es bienvenido en acontecimientos solemnes, como demuestra la popularidad de los tocados comunión para niñas.

Aunque sobre gustos no hay nada escrito, podrían argumentarse razones de sobra por las que llevar tocado es una decisión acertada. Por un lado, las modas pueden ser caprichosas y dejar obsoletas incluso las tendencias más vanguardistas, pero el romanticismo de los tocados de ceremonia es atemporal.

El uso de tocados aporta un rasgo bohemio y singular a cualquier look. Dependiendo de su diseño, transmiten una imagen más inocente, segura, romántica o fantasiosa.

A propósito del diseño, la diversidad de formas, tamaños y colores del tocado es una de sus cualidades innegables. En tiendas y boutiques pueden adquirirse en forma de diademas, pamelas, turbantes, coronas, etcétera, con metales preciosos y adornos de pedrería para todos los gustos. Solo la imaginación de la afortunada podrá límite a las posibilidades de este complemento.

Por su coste y valor material, los tocados no son productos de usar y tirar. Al contrario, se acostumbra a conservarlos con el ‘tesoro’ sentimental que representan, en especial si fueron utilizados con motivo de nupcias o comuniones. Es frecuente que este preciado complemento pase de madres a hijas.

Por otra parte, los tocados no son una inversión obligada: como sucede con los vestidos de boda, pueden alquilarse. Y abundan las tiendas que ofrecen este servicio a precios asequibles, dependiendo del modelo y del periodo de uso. De este modo, se elimina el riesgo de que la corona o pamela en cuestión puede extraviarse o perderse después de la celebración.