Las joyas masculinas están, como no podía ser de otro modo, íntimamente unidas a la moda. En los años 80 triunfaban series como Miami Vice (“Corrupción en Miami” en España) y de pronto los hombres comenzaron a lucir barba de tres días o ropa en tonos pastel. Pero a eso se unió también la moda de los diamantes, concretamente uno en una sola oreja, que muchos chavales sustituían por una bonita y barata circonita. Estos pendientes dieron muchos quebraderos de cabeza en hogares en los que este tipo de joyas no eran habituales en hombres.
Los chicos que en aquel momento pelearon con sus padres para conseguir que les permitieran lucir un pendiente se enfrentaron en la primera década de los dos mil a hijos que querían ponerse dos aros o, más complicado de asumir para muchos, hacerse una dilatación en el lóbulo. Muchos de los que se las hicieron, por cierto, han pasado por quirófano para hacerse una lobuloplastia y recomponerse la oreja. Y hoy, parece que vuelven a llevarse de nuevo los anillados y estas dilataciones vuelven a coger un poco de fuerza.
Vemos como las modas van y vienen y en algunas de ellas tiene un fuerte componente la rebeldía y el tratar de romper con la generación anterior, que se suele tachar de conservadora. Pero no siempre es así. Por ejemplo, con las pulseras hemos visto cómo las cosas son muy diferentes.
Las pulseras de cuero y de acero que son tendencia actualmente, son vistas con buenos ojos tanto por los más jóvenes como por sus padres e incluso por sus abuelos de menor edad. Estas pulseras son ideales para looks informales y dan un aire juvenil a hombres maduros, a la vez que pueden resultar rebeldes en los jóvenes. Todo va a depender del tipo de diseño que se escoja. Los maduros prefieren diseños sencillos, como trenzados y los más jóvenes optan por modelos con reminiscencias vikingas o por las calaveras.
Pero también las joyas de alta calidad y las piedras preciosas tienen un hueco en el joyero masculino. Si para las mujeres los anillos brillantes son la pieza más deseada, para ellos un diamante en su oreja puede ser todo un símbolo de elegancia. Pero hay que elegir muy bien el diseño para que quede conforme a la moda y brille, nunca mejor dicho, de la mejor manera.