Visitar las Islas Cíes es una experiencia maravillosa, pero siempre me había quedado con la sensación de que una excursión de un solo día se quedaba corta. Anhelaba ver el atardecer sobre el océano desde allí, contemplar el cielo nocturno sin contaminación lumínica, despertar con el sonido de las aves y las olas antes de que llegaran los barcos de la mañana… Quería vivir Cíes de una forma más pausada e íntima. Y para eso, solo existe una vía: conseguir una plaza en su único y muy solicitado camping. Este año, me armé de determinación y me lancé al proceso de reserva.
Sabía de antemano que no sería tarea fácil. El camping de Cíes tiene una capacidad limitada y una demanda altísima, especialmente durante los meses de verano. Lo primero fue localizar la página web oficial del camping, el único canal para realizar la reserva. El siguiente paso, y el más crítico, fue enfrentarme al calendario de disponibilidad. Tal como me temía, encontrar fechas libres, sobre todo si buscas un fin de semana o en pleno agosto, requiere planificar con muchísima antelación –hablamos de meses– y, a menudo, tener algo de flexibilidad. Estuve revisando el calendario durante varios días, casi como quien busca un tesoro, hasta que finalmente apareció un hueco de un par de noches entre semana que encajaba con mis posibilidades. ¡Sentí una mezcla de suerte y alivio!
Una vez encontradas las fechas, el proceso de reserva fue relativamente sencillo pero requería atención. Seleccioné el tipo de parcela (en mi caso, para llevar mi propia tienda, aunque a veces ofrecen tiendas ya montadas), indiqué el número de personas y completé todos los datos personales requeridos. Un aspecto muy importante, y que simplifica un poco las cosas respecto a las visitas de día, es que la propia reserva del camping gestiona y genera la autorización necesaria de la Xunta de Galicia para acceder al Parque Nacional durante las fechas de la estancia. No tuve que hacer ese trámite por separado. Tras revisar todo cuidadosamente y realizar el pago para confirmar camping cies reserva, recibí el correo electrónico con la confirmación oficial. ¡Había conseguido mi plaza!
Pero la tarea no había terminado ahí. La reserva del camping asegura tu derecho a pernoctar en la isla y tu permiso de acceso, pero no incluye el transporte marítimo. Por lo tanto, mi siguiente paso inmediato, sin perder ni un minuto, fue dirigirme a la web de una de las navieras que operan la ruta a Cíes desde Vigo (mi puerto de salida más conveniente). Compré los billetes de ferry de ida y vuelta, asegurándome escrupulosamente de que las fechas y los horarios de llegada y salida coincidieran perfectamente con el inicio y el fin de mi reserva en el camping. Es crucial coordinar ambas reservas, ya que tener camping sin barco, o viceversa, no sirve de nada.
Con la confirmación del camping y los billetes de barco ya en mi poder (digital, por supuesto), la sensación es de misión cumplida y de una ilusión tremenda. Ha requerido planificación, antelación y un poco de suerte con las fechas, pero sé que el esfuerzo valdrá la pena. La perspectiva de montar mi tienda en ese entorno natural privilegiado, de disfrutar de la tranquilidad de Cíes cuando los visitantes de día se han ido, y de vivir el parque de una forma tan especial, es ahora una realidad tangible y muy esperada.