Cuando heredé el barco de mi tío, pensé que iba a ser todo navegar y tomar el sol, pero pronto descubrí que mantenerlo a flote es como cuidar una mascota gigante que necesita mimos constantes, así que me puse a buscar soluciones y di con sitios donde comprar piezas de barco en Cambados, un lugar que se ha vuelto mi salvavidas para que mi barquito no termine siendo un adorno varado en la playa. Los componentes que más se desgastan, como los repuestos para motores, son los primeros en la lista de imprescindibles, porque el mío empezó a hacer ruidos raros como si estuviera tosiendo después de una mala noche; el mecánico me dijo que el filtro de combustible estaba más sucio que mi garaje en primavera, y cambiarlo fue como darle un trago de agua fresca a un sediento, haciendo que el motor ronroneara feliz otra vez.
Los equipamientos de navegación también merecen un capítulo aparte, porque no hay nada más frustrante que perderte en el mar como un pirata despistado sin GPS ni brújula decente. Mi barco venía con un sistema de navegación tan viejo que parecía de la época de Colón, así que lo reemplacé por uno moderno con pantalla táctil que me dice exactamente dónde estoy aunque el cielo esté tan nublado que no vea ni las gaviotas; también cambié las luces de posición, porque las originales parpadeaban como si estuvieran pidiendo ayuda en código morse, y ahora navego de noche sin parecer un faro con hipo. Estos cacharros no solo te mantienen en rumbo, sino que te dan esa seguridad de saber que no vas a acabar encallado en una roca por no ver dónde diablos estás yendo.
Encontrar dónde comprar estas piezas de forma confiable fue como buscar un tesoro, pero en Cambados di con tiendas especializadas que tienen de todo, desde hélices hasta cables que no se deshacen con el primer salpiconazo de agua salada. La primera vez que fui, necesitaba una bomba de achique porque la mía decidió jubilarse en medio de una tormenta, y el dependiente no solo me vendió una que funciona como campeona, sino que me explicó cómo instalarla sin que terminara electrocutándome como un villano de película mala; ahora siempre pido referencias y miro que las piezas sean originales, porque una vez compré una barata por internet y duró menos que un helado en la playa. Si no tienes ni idea, los chicos de estas tiendas te echan una mano como si fueran tus mejores colegas, y eso vale oro.
El mantenimiento adecuado es lo que separa a los capitanes felices de los que están varados maldiciendo su suerte, y yo lo aprendí a las malas después de dejar mi barco sin limpiar un mes entero. Ahora, después de cada salida, le paso un trapo al motor para quitarle la sal que se pega como chicle, y reviso las piezas clave como si fueran mis joyas de la corona; por ejemplo, engraso las partes móviles de la hélice con un aceite especial que me recomendaron en la tienda, porque si no, se pone más dura que mi voluntad un lunes por la mañana. También guardo el barco bajo una lona decente para que el sol y la lluvia no lo castiguen, y cada seis meses le doy un repaso general para que no me dé sorpresas en alta mar.
Mirar mi barco zumbando como nuevo después de estos arreglos me hace sentir un poco como el rey del mar, porque con las piezas adecuadas y un poco de cariño, sigue siendo mi orgullo flotante. Comprar piezas de barco en Cambados me ha enseñado que no hace falta ser un genio náutico para mantenerlo al cien, solo tener los repuestos correctos y las ganas de no dejarlo morir en el muelle.